domingo, 26 de abril de 2009

!Yo no quiero salir!
Hikikomori "recluso voluntario"

Estos adolescentes deciden encerrarse en su habitación o en una parte de su casa después de suspender un examen o tener un desengaño amoroso y lo que empieza por una chiquillada acaba convirtiéndose en años de reclusión voluntaria. La familia resignada no hace más que pasarle la comida sin poder mediar palabra con él. En la habitación suelen tener TV, PlayStation y todo lo necesario para no tener que salir. Se suelen pasar la noche jugando a los juegos y las consolas que sus padres les proporcionan (que son todas las que quieren) y los días durmiendo.

/ver video "Adolescentes invisibles"/

El porqué

La sociedad japonesa es muy exigente. Quizás no tanto como la española pero los jóvenes japoneses sufren mucha presión durante toda su juventud:

- Para hacernos una idea, hay tanta obsesión por el triunfo, que existen casos extremos donde se tiene que superar un examen de ingreso para entrar en… la guardería. Y claro, si tienen que entrar en las mejores guarderías, es porque se tienen que preparar para el mejor… parvulario.

- Si vamos siguiendo con la ruta de la presión adolescente, pasamos por escuela primaria, secundaria, lo que sería nuestro bachillerato… Y llegamos al ingreso a la universidad.

- Gran cantidad de estudiantes dedican un año en exclusiva a preparar el examen de acceso a la universidad, lo que vendría a ser nuestra selectividad. Lógicamente, a más prestigiosa la universidad, más difícil entrar, y la mejor de todas.

¿Y qué hacen ahí metidos?

- Suelen buscar refugio en su universo personal: videojuegos, internet, mangas, dibujos animados, fetichismo. Pueden hacerlo así porque gracias a la Red, tienen acceso a todo sin moverse de sus cuartos. Dejan de ir al colegio, trabajo, no tienen responsabilidades…

- Normalmente depresivos, no tienen amigos, y viven al revés que el mundo, o como los jóvenes normales en fin de semana: durmiendo por el día, y haciendo vida por la noche.

- Por supuesto que su vida sexual es nula, o mejor dicho, se reduce al onanismo. Ya, sé lo que pensais, que para eso no hay que buscar a un hikikomori, que lo hace cualquier adolescente o joven. Pues también es verdad.



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